miércoles, 27 de enero de 2016

LA SENSIBILIDAD

 
La sensibilidad
Vivimos en un mundo que le falta mucha sensibilidad y, por tanto, mucha compasión. Debemos cuidar la sensibilidad como si se tratara de una flor hermosa e irrepetible. La sensibilidad hace que seamos entrañables, comprensivos e indulgentes tanto con quien despierta nuestro afecto como con los demás.

Una emoción puede provocar un pensamiento y un pensamiento piede provocar una emoción. Una emoción puede generar un estado anímico específico y un estado anímico se traducirá, a su vez, en emociones.

Toda emoción, sobre todo si es intensa, movilizará, tanto el cuerpo como la mente; es a la vez física y mental.

En toda relación afectiva, es necesario saber controlar las emociones y las reacciones emocionales insanas y, por supuesto, no llegar a expresarlas; cuando las emociones basura se expresan compulsivamente siempre acaban abriendo heridas en la relación afectiva que luego son muy difíciles de cerrar.
Para controlar los afectos de forma lúcida y sana, es preciso aprender a dominar las emociones de forma cuerda e inteligente, porque las emociones perniciosas que inciden una y otra vez en la relación sólo consiguen deteriorarla y desbaratarla.

Posteriormente, hay que aprender a desreprimir aquello que nos hace daño y para ello nada mejor que un buen Kriya, como por ejemplo: cantar, bailar, chillar, correr, respirar,… descontroladamente pero en un entorno seguro.
En casos graves donde haya que desreprimir cosas graves y/o muy antiguas, traumas, rechazos, ascos, manias etc mejor acudir a un especialista.

Como suele decir el dicho: “el hábito hace al monje y el camino se hace caminando“, por tanto, para alcanzar el grado de maestria emocional aprenderemos a canalizar adecuadamentes esas emociones insanas, sin hacer daño a nadie ni tan siquiera a nosotros mismos.

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